Cuando llevas 31 años llorando por lo que pudo ser y nunca fue te cuesta saborear noches como la de ayer. Son demasiados recuerdos, demasiados sentimientos bailando juntos en tu cabeza. Es dificil gobernar cuando llevas toda la vida obedeciendo, siguiendo a La Roja con el mono de obrero esperando las ordenes de los patrones extranjeros. Así me planté delante de la tele. Otra vez con el miedo, esperando a portagayola a otro toro que podía mandarnos para casa. Y así toda la primera parte, tan pendiente de los rusos, que no podía disfrutar del gran fútbol que comenzábamos a fabricar. Si fuese Italiano o Alemán ayer hasta hubiese cenado durante el partido, sin nervios y confiado en la victoria. Pero es que nosotros no tenemos ninguna estrella encima del escudo y eso se nota.
En casa de Aida y Gon todo está demasiado tranquilo en comparación al ritmo de mis latidos. Las niñas hablan, el Mun come, Gonzalito piensa ya en la final y cómo le vamos a poner el pelo verde a Beckenbauer, el Mun sigue comiendo y… ¿el Guille? Se me va la olla, lo sé, pero el Guille ha nacido sabiendo de esto. A poco de empezar le toca biberón. El enano lo intenta, traga un poco, pero no. No le entra. Mierda, está nervioso, no lo ve. Y si él no lo ve, malo, malo. La K me mira cada minuto de reojillo, buscando su confianza en la mía. Tranqui, enana. Intento engañarla, pero me conoce bien y sabe que estoy muy lejos de estar tranquilo. Avanza el partido, el pequeño empieza a relajarse, ya sonríe y nos mira en paz. Yo también voy cogiendo confianza, los rusos que hemos convertido en la Brasil del 70 no son para tanto. La estamos tocando y los de atrás están saliéndose. Que bueno lo de Sergio Ramos, le necesitábamos. Puyol y Marchena, como me gustan los centrales, contundentes y sin complicarse. Segunda parte, joder como salimos! Mientras, Muñones sigue comiendo y busco al canijo… ahí está… con la cabeza metida en las tetas de María, ahora sí que sí. LLega el primero, y mas tiki y mas taka y el resto lo vimos todos…
Decia Nachete el otro día que a ganar se aprende ganando. Pues debe ser eso, porque ayer, de repente, me sentí acostumbrado a ganar, sereno en la celebración y mirando ya a la final. Eso es buenísimo, solo con la confianza he visto a selecciones ganar copas del mundo. No se lo que pasará el domingo, pero una final no te la llevas si no crees que vas a levantar la copa y eso sí que lo hemos conseguido ya.
VAMOS!!











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