Aun no me lo termino de creer, la verdad. Si Cesc la mete estamos dentro, pues no la meterá, claro. Peró si. La metió y como los grandes. Tardé en reaccionar. El balón estaba dentro, la red se movía, pero es que no podía ser. Mire al arbitro, lo tenía que anular, mandar repetir, lo que fuera, porque con ese gol echabamos a Italia y hasta ayer no lo creía posible. Ni siquiera cuando vi correr a todo el banquillo hacía Casillas lo quería celebrar. Son ya demasiadas noches las que la Roja me ha dejado sin dormir, de pena todas. Uno se acostumbra a la derrota cuando no conoce otra cosa. Pero si, Gordo, que si, que todo vale, que estamos dentro. Al fin reaccioné, demasiado, creo. Casi ahogo a la K, no quería dejar de abrazarla. Que bueno tenerla cerca para celebrarlo con ella, que ya esta bien de darle solo disgustos. Mi ahijado, de escasos meses aún, no se si me perdonará lo que le alteré anoche. Perdona, Guille. Te lo explicaré dentro de unos años y lo entenderás, ya lo verás. Los que saltaban iban de rojo y las lagrimas eran azzurras. Aún hoy, junto a mi resaca, se me ponen como los pelillos como escarpias al recordarlo. El fútbol me ha hecho feliz muchas veces, pero pocas como anoche. No se las veces que he visto los penaltis. Me se los comentarios de memoria. Genial Camacho. El “bueno, no puede ser, o sea, es que no puede ser” de Maldini cuando se la saca Casillas a Di Natale, lo dice todo. Se que ahora hay que seguir y que tenemos que creernos que podemos levantar la copa el domingo, pero lo de ayer ya sabe a victoria. Gracias, a los 23 y a tí, al de Hortaleza, también a ti. Os quiero, os amo y no voy a olvidar nunca lo que viví hace unas horas. Estais en mi olimpo personal y no pienso sacaros nunca de ahí. Cracks.











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