Incapaz de dormir la siesta por los nervios, a 48 horas de que nos la juguemos contra la azzurra, aprovecho para compartir con todos mi alegria por un acontecimiento que no se celebró sobre hierba, aunque si a pocos metros de un estadio. Fue este sábado, en Bilbo, cuando mi querido Gomitas consiguió engañar a una bella euskalduna para que compartiese para siempre su vida futbolera. Me alegro mucho, amigos, y desde aquí quiero desearos lo mejor, que no es mas que lo que os merecéis. Sin embargo, adémas, quiero permitirme el lujo de pediros que cuanto antes, suméis un nuevo miembo (o miembra) a nuestra gran familia madridista. Podemos dudar de su sexo, pero no del color de su corazón. Así que, chavales, ya sabéis, al tajo, que me muero de ganas de ver su cara cuando asome por primera vez su cuerpecillo por el vomitorio. Os quiero.
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