maradona.jpgPrimero de nada, antes de que comiencen las críticas por parte de algunos de los co-autores de este blog, pido que me regaléis unos minutos para argumentar este post. En las primeras lineas que escribí hace unos días para abrir todo esto, decía que no buscaba otra cosa que tratar de explicar lo que nos hace sentir este deporte. No sé si seremos capaces porque se trata de demasiados sentimientos que, solo mezclados, consiguen que te olvides de todo lo malo por un rato, al menos. De estas sensaciones, ninguna es tan fuerte como la que te provoca el amor a tus colores, a tu equipo. Como diría un amiguete, a mí lo que me pone de verdad es el Real y la Roja, por supuesto. El amor, la fidelidad a los tuyos, eso está por encima de cualquier cosa.

Sin embargo, eso no es todo. Hay algo debajo de esa parte forofa, que soporta todo lo demás. Es el gusto por el fútbol sin más, por lo que no son los veinte o treinta que juegan con tu camiseta. Es la parte que vives con tranquilidad, que saboreas, que puedes disfrutar con calma. Y ahí cada uno encuentra la libertad para vivir esto a su manera, de forma particular. Pues bien, el puto amo de toda mi parte “libre” del fútbol se llama Diego Armando Maradona y hoy cumple 47 años.

Leyendo su biografía, más que recomendable, encontré en siguiente testimonio, cuando analizaba su paso por Perrolandia:

“La cosa es que mi paso por Barcelona terminó siendo nefasto. Por la hepatitis, por la fractura, por la ciudad también, porque yo soy más… más Madrid, por la mala relación con Núñez y porque allí en Barcelona arranca mi relación con la droga.”

Felicidades, crack, gracias por enseñarme a amar todo esto.